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martes, 15 de octubre de 2013

Rehabilitación/restauración de bicicletas. El óxido.

No importa el tiempo que una bicicleta lleve parada. La inmensa mayoría de las veces nos encontraremos óxido en ella y, aunque sea en pequeñas cantidades, es un enemigo que puede provocar grandes daños.
Muchas veces, sólo se tratará de pequeñas marcas en la pintura, los cromados u otras partes metálicas, pero es importante deshacerse de él antes de que vaya a más.
Existen distintas maneras de eleminarlo, todo dependerá del grado de afectación, de la superficie en que se encuentre y del tipo de rehabilitación que se pretenda dar a la bici. Pero existen dos formas principales en cuanto a su realización: medios mecánicos y medios químicos.

Medios mecánicos.

Suelen ser los más efectivos y respetuosos con las piezas y el medio ambiente en el 90% de los casos. La mayoría de las veces en las que nos encontremos óxido, éste suele ser sólo superficial y eliminarse con un suave lijado con lana de acero, siendo además lo mejor para dañar lo menos posible los cromados.


Existe lana de acero de distintos grados de abrasión. La mejor, la 00, al producir menos arañazos. Si aún así no fuese suficiente, utilizaríamos una lana más gruesa. Un buen sustituto de la lana de acero son los estropajos metálicos tipo "nanas".

Pero hay casos, sobre todo en restauración de bicicletas muy antiguas, en los que la lana de acero no es capaz de eliminar la gruesa capa de óxido. En estos casos, deberemos utiliza medios más contundentes.
Una herramienta muy eficaz y recomendable son las denominadas multiherramientas, con sus accesorios intercambiables, de distintos grados y formas de abrasión, son ideales para la eliminación del óxido recalcitrante. Despendiendo de la profundidad y daño de oxidación, utilizaremos desde cepillos de acero o latón, discos abrasivos e incluso pequeñas lijas circulares.
Todos estos accesorios, en mayor tamaño, están también disponibles para acoplar a un taladro.


El resultado, puede verse en el pulido de las barras de este sillín de los años 40. Todo el óxido desaparece y queda el brillo, eso sí, del metal desnudo. En este caso, el cromado había desaparecido por completo hacía ya tiempo. Estos métodos más intrusivos se deben evitar sobre el cromo, ya que llegarían a eliminarlo por completo. Si acaso, una pasada muy suave con un cepillo de latón a baja velocidad.


A falta de este tipo de herramientas mecánicas, siempre están nuestras manos, más tiempo de trabajo pero igual de efectivos con esponjas de lija, lana de acero, pulido manual, etc. Todo es cuestión de paciencia.

Medios químicos.

Son menos recomendables pero a veces necesarios y rápidos. Están compuestos por ácidos y transformadores de óxido. Mi recomendación, utilizarlos lo menos posible y, en el caso de los ácidos, usar los más suaves, para evitar problemas posteriores.
Los ácidos como el clorhídrico o el sufúrico son capaces de acabar con todo el óxido en cuestión de minutos, pero también pueden terminar con una pieza debido a su alta corrosividad. Son muy peligrosos, destruyen todo el cromado y el tiempo de oxidación tras su uso es muy corto, por lo que podemos tener la pieza como al principio en cuestión de días e incluso horas.
El ácido oxálico es un ácido suave, poco corrosivo y respetuoso con el cromo y la pintura. Es difícil de encontrar pero no imposible. Se vende en forma de polvo y se añade a agua en proporciones de 1 a 2 cucharadas por litro de ésta (dependiendo de la oxidación y la prisa). Tras la inmersión de las piezas, durante 24 ó 48 horas, es necesaria una buena limpieza con agua jabonosa hasta hacerlo desaparecer totalmente, ya que deja éstas blanquecinas. Un artículo sobre el proceso aquí.
Un sustituto casero del oxálico es el cítrico, formando una pasta de zumo de limón y bicarbonato sódico que se dejará actuar alrededor una hora sobre el óxido a eliminar.


Por último, para aquellas partes que no estén a la vista o que posteriormente se vayan a lijar y pintar, existe un producto que, a mí, me sigue pareciendo mágico, el transformador de óxido.
Este reactivo químico desactiva la acción del óxido y lo convierte en una sustancia inerte, dejando una película de color negro sobre la pieza y protegiéndola contra la corrosión. Sobre esta capa, se puede lijar y pintar sin problemas. Como muestra de los resultados, la siguiente foto:



Y esto es todo sobre el óxido. ¡Ah!, un consejo más. Tras estos procesos, siempre es recomendable barnizar las piezas con un protector para metales. Así permanecerán más tiempo sin oxidarse.
La mayoría de las veces, sobre todo en rehabilitación de bicis no muy antiguas, será fácil contender con él, porque siempre es mejor conservar una pieza original que sustituirla. Los métodos menos abrasivos, antes que los demás y utilizad la intuición para decidir cuál de ellos es el más efectivo en cada caso.

1 comentario:

Diego Suarez dijo...

podeis utilizar vinagre con 4% de acides. Da resultado.