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sábado, 24 de enero de 2015

Restauración de sillín Orbea de señora de los 50. Parte 1.



Hace ya casi 2 años y medio que restauré esta bicicleta, pero el cuero del sillín estaba en tan mal estado que fue algo que dejé aparcado para un mejor momento. Durante este tiempo, la bici ha tenido puesto un sillín Flying Pigeon que, si bien no está mal, no cumple con la originalidad de la bicicleta.

A la estructura, por el contrario, le quité todo el óxido, la pulí y le dí una capa de barniz antioxidante para metales. Y ahí se quedó guardada, en espera de una piel adecuada. Una piel original que no he podido encontrar por escasa y, supongo, cara.



El cuero original había sufrido las inclemencias del tiempo y, sobre todo, la caída de agua durante más de 20 años por lo que, a pesar de que conseguí devolverle la flexibilidad y tacto que debió tener en su tiempo (¡el cuero es un material extraordinario!), había encogido más de un centímetro y no hubo forma de volverlo a su tamaño. En este proceso de encogimiento, además, se habían rajado varios de los agujeros de los remaches.

A pesar de haber recuperado bastante su aspecto, no llegaba a asentar sobre los agujeros de la estructura. Además, al ser un cuero de tan solo 2 mm. se había rajado por varias partes.



Consevaba el sillín también en muy buen estado la pieza de goma que hace que los muelles horizontales de amortiguación no rocen contra el cuero y lo estropéen. Pieza que volverá a ser colocada en su sitio.


Tras mucho buscar por la red, he encontrado en Alemania una piel que cumple con las medidas de este sillín, para nada iguales a las de los sillines "de caballero" de la misma época, siendo más ancho en su parte trasera, y un poco más corto en su longitud total.


Pero no todo iba a ser tan bonito. A pesar de cumplir con las medidas (suerte que seguía las especificaciones de las fotografías del vendedor) el cuero tiene la forma y características de un sillín de caballero, con la parte central abarquillada y preparado para un tensor frontal, por lo que, el primer paso, hacerlo plano en su parte superior, ya que hacía efecto mecedora sobre la estructura.
Para conseguir esto, no existe otra manera: hay que humedecer el cuero, pero sin pasarse o se podría estropear. Coloqué la piel sobre la estructura (qué mejor molde), la sujeté en su posición con venda elástica, que permite tensar pero no deja marcas, y la sumergí en agua hasta cubrir toda la piel. Al estar protegido el metal con barniz el tema de la oxidación de éste queda descartada. ¡Cuidado con esto en otros casos!


Dependiendo de la absorción del cuero a tratar, habrá que dejarla más o menos tiempo. Este en concreto no absorvía nada de agua (luego contaré por qué) por lo que lo tuve una hora y media así, sumergido, hasta que consideré que, sin empaparse, tenía suficiente humedad. No dejéis que se empape o se podría estropear.
Tras este proceso, más vendaje y dejarlo secar a su amor durante 48 horas. No apliquéis calor ni lo tengáis en un lugar demasiado caluroso, ni lo pongáis al sol porque el cuero se agrietaría.



Tras esos días al estilo "momia", la piel ha quedado plana en su parte superior y ha ensanchado en su parte central, para poder albergar la pletina metálica que sirve de puente entre los muelles delanteros y los traseros.


Ahora, a tratar ese cuero que, si ya estaba algo seco de por sí, tras el maltrato con agua y demás necesita cariño.

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