La bicicleta, a pesar de ser una máquina compleja en su función y concepto, es simple en cuanto a su mantenimiento general y, sobre todo, en cuanto a la adicción o transformación de sus partes. Es por eso que, con un poco de maña, podremos transformar nuestra bicicleta en algo único y personalizado.
La principal utilidad de esta característica de transformación es el reciclado y reutilización de una bicicleta antigua o de aquellas concebidas para un uso distinto al que queremos darle, siendo ésta otra de las facetas de sostenibilidad de este vehículo. No hay por qué deshacerse de la vieja bici de montaña, transfórmala.
Éste es el caso del que me voy a ocupar en este artículo.
Se quiera reconocer o no, las bicicletas de montaña no están hechas para circular en ciudad. Su geometría no es la idónea para los desplazamientos urbanos, su ergonomía tampoco y rodar sobre tacos no es la forma más cómoda de desplazarse sobre asfalto. Tampoco son cómodos para ciudad, a pesar de las modas actuales, los manillares de carretera, ni fomentan una postura idónea para la circulación entre el tráfico.
Veamos pues cómo, con unos cuantos retoques, una bicicleta puede transformar su ergonomía y urbanizarse.
La primera regla que debería cumplir una bicicleta urbana es la postura en la que nos permite sentarnos. Además de ser mejor para la espalda, la posición erguida nos permitirá ver y ser visto mejor sobre la bicicleta. Tanto las bicis de montaña como las de carretera fuerzan al usuario a ir doblado sobre el manillar, y la longitud y posición de la potencia están pensadas para ello. Por tanto, la primera modificación que debería sufrir la bicicleta es ésta: un émbolo largo y, si puede ser, una potencia variable en ángulo, para que encontremos la postura más cómoda y adaptada.
La potencia con ángulo variable nos permite acercar o alejar el manillar, además de su regulación en altura.
Si tu bicicleta es de montaña, con este cambio ya habremos terminado con la dirección. Si, como fue mi caso, tu bicicleta es de carretera, tendrás que cambiar además el manillar, las palancas de freno y las del cambio y añadirle puños.
La elección del manillar puede variar entre una de tipo trekking o un urbano puro con los puños en ángulo hacia atrás.
Añade un timbre al conjunto. Además de ser obligatorio para advertir al resto de usuarios de la vía de nuestra presencia, es útil. Un cuentakilómetros es opcional, pero nos sirve para controlar la distancia total hecha por los elementos de transmisión (cadena, platos y piñones) y prever su necesidad de sustitución.
Otro de los principales elementos a tener en cuenta son los neumáticos. Como ya he dicho, los tacos no son lo mejor, ni en cuanto a agarre ni en cuanto a comodidad, para el asfalto, ni las bandas de rodadura demasiado estrechas se adaptan bien al uso urbano. Un neumático con un ancho entre 32 y 38C se considera idóneo para ciudad. Si, además, te gusta pasear por caminos en buen estado, puedes montar neumáticos mixtos, con los que tu bici podrá andar por casi todo tipo de firme.
Si además añadimos un guardabarros, evitaremos las salpicaduras en el cuerpo y ropa. No son sólo para los días de lluvia. Siempre pueden haber charcos, gravilla suelta, barro, etc. Elige los que se puedan montar sobre la geometría original de tu bici. En la mía, era imposible pasar el guardabarros bajo los frenos de estribo, por lo que éstos tienen que ir anclados a los laterales de la horquilla. En los frenos tipo "V" es más fácil añadir uno estándar.
Elige un sillín cómodo. Los deportivos están muy bien para eso, para hacer deporte, pero no para ciudad. Además están pensados para un apoyo perineal (al estar el cuerpo doblado hacia delante) y no sobre los glúteos e isquiones. Necesitamos, por lo tanto, un sillín que haga incapié en el apoyo sobre esa zona: más ancho en su parte posterior. La comodidad debe medirse probándolo y es única para cada persona.
Si no quieres llevar un sillín demasiado ancho, prueba uno mixto, como el de la foto.
Elementos indispensables, pienses o no transformar tu bici, son los de iluminación y reflexión. Es necesario e importante llevar luces, no sólo para ver, sino para ser vistos. Los elementos reflectantes nos ayudan a que otros nos vean en aquellos ángulos en los que no se puede instalar la iluminación activa.
Obligatorios: faro delantero de luz blanca, piloto trasero de luz roja y catadioptrico trasero en color rojo.
Totalmente recomendables: catadioptricos naranjas o blancos en radios de las ruedas, para poder ser vistos en posición lateral.
Recomendables: Banda lateral reflectante en el neumático (la mayoría de neumáticos urbanos ya la traen) y catadioptrico en los pedales.
Otros elementos útiles son una pata de cabra o caballete, para no tener que andar buscando algo donde apoyar la bici, un portaequipajes, con o sin alforjas, y, cómo no, un buen sistema para candar la bicicleta y no encontrarnos una desagradable sorpresa.
La pata de cabra situada en el eje trasero, aún al contrario de los que se pudiera pensar, da mayor estabilidad a la bici y permite mover los pedales sin estorbos.
La utilidad de las alforjas se ve no sólo cuando necesitamos transportar carga, sino en el día a día para llevar cámaras de repuesto, herramientas, etc.
Los mejores sistemas de seguridad son los candados en U y los cierres de cuadro en la rueda trasera.
Y con estos elementos ya tendrás toda una bici adaptada al mundo urbano. Una híbrida que te permitirá el desplazamiento diario y los paseos campestres.
Siempre podrías optar por comprar una nueva que contenga todos estos elementos, pero reutilizar algo es bueno, a las bicis se les coge cariño y será tu modelo exclusivo: no habrá otra igual.