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viernes, 4 de enero de 2013

Escuela de ciclismo para conductores habituales.

Parece que el ser humano tiene, entre muchos otros, un gran defecto: creerse único y no ponerse en el lugar de los demás.
Y este defecto le provoca que muchas veces sea incapaz de ver más allá de sus propias necesidades y egoísmos.
Pero está demostrado, que esta falta de sensibilidad hacia lo que nos rodea se puede cambiar, con los medios necesarios, si no en su totalidad por lo menos en una gran parte. Y no creo que se cumpla en su totalidad porque, por ejemplo, a pesar (más a pesar de algunos radicales) de que todos nos convertimos en peatones cuando nos bajamos de nuestras máquinas de transporte, todavía hay algunos que no nos respetan desde la prepotencia que concebimos cuando las utilizamos.
Muchas veces es por desconocimiento de la ley. Nos mantenemos en nuestras trece a pesar de estar equivocados. ¡Eso no puede ser así! Y ni nos molestamos en comprobarlo.
Un caso muy flagrante en este sentido es el casi nulo conocimiento de la parte del Código de Circulación que compete a las normas que rigen el uso de la bicicleta, principalmente aquellas que inciden en su protección y tratamiento dentro del tránsito compartido con otros vehículos. Si no, preguntad por ahí qué hay que hacer cuando, circulando en grupo, el primer ciclista rebasa un ceda el paso. O si se puede intentar adelantar a un grupo de bicicletas y reincorporarse a la derecha dividiendo el grupo. O la distancia mínima a la que hay que adelantar a un peatón.
Lo que sí que está claro, y a los comentarios que me hace la gente de mi entorno me remito, es que, hasta que no empiezas a desplazarte en bicicleta, no eres consciente de lo vulnerable del vehículo, del empuje de las turbulencias de aire cuando te rebasa un coche sin respetar la distancia de seguridad legal, del tiempo que supone cruzar una calle de dos carriles a pesar de haber pasado el semáforo en verde, etc., etc.
Casos como el holandés podrían muy bien servir de ejemplo para ese cambio necesario en la percepción de la bici en nuestras ciudades y carreteras. En ese país, la educación vial es obligatoria en las escuelas. Comienza a los 6 años, con prácticas viales sobre una bicicleta, para, a los 8 años, conseguir un certificado que te cualifica como conocedor de las normas de circulación y que te habilita para conducir una bicicleta por la vía pública, sin necesidad de la compañía de un adulto. Por lo tanto, el primer vehículo que conduce un holandés, y digo conduce en el sentido total de la palabra, con normas, derechos y deberes y no como un juguete más, es una bicicleta y, desde ese momento, es plenamente consciente de sus usos y limitaciones. Además, continuará utilizándola a lo largo de su vida, sola o combinada con vehículos a motor, pero plenamente consciente de lo que se siente al circular en bici.
En conclusión, hasta que no nos ponemos en la piel del ciclista, no sabemos lo vulnerable que éste puede ser ante un abuso de poder del coche. Unido al desconocimiento de cómo actuar ante una bici y del nerviosismo que provoca en muchas personas, y partiendo de la base de que la educación vial es este país deja mucho que desear y de que, por desgracia, las autoescuelas parecen sólo centros que nos ayudan a aprobar el examen de tráfico, propongo que se realicen cursos para conductores habituales en los que se circule en bicicleta entre tráfico real. Que se sienta en propia carne lo que ocurre cuando, por desconocimiento o dejadez, se incumplen las normas de circulación para con los usuarios de la bici, que no pesan 1000 kilos ni llevan coraza de acero. Además, propongo que se siga el modelo holandés de aprendizaje vial, para evitar los abusos de la bicicleta sobre los peatones y de los vehículos a motor sobre la bicicleta. Derechos y obligaciones. Respeto y seguridad vial, construyendo la pirámide desde abajo.
¿Ideas de cómo llevar a cabo esta "utopía" implicando a quien debe realizarla?

1 comentario:

Quique dijo...

Complicado lo veo. Y eso que las autoescuelas se podrían reciclar de alguna manera en centros de aprendizaje de seguridad vial. Porque el grado de desconocimiento de los volantistas para con las normas que implican bicis es espectacular.

¡Leches, que aún discuten lo de la columna de a dos!