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jueves, 1 de octubre de 2015

La red paralela.



Desde hace ya muchos años, lo lógico y normal es desplazarse entre localidades en vehículos a motor y, por encima de todo, en coche particular. Eso es desarrollo y lo demás tonterías. Sobre todo en los pequeños pueblos de sierra o campiña, en zonas aisladas y distantes.
Antes de eso había "viajeras", autobuses que cumplían esta función, pero que debido a su escasa frecuencia se prefería tirar de piernas muy a menudo. Incluso, había trenes. Sí, esos trenes de "baja velocidad" que realizaban una función social en los lugares más apartados de nuestra geografía y que, pásmense, siguen haciendo su cometido en la Europa más civilizada.
Hoy en día parece que estés haciendo el ridículo si pretendes desplazarte a pie entre localidades limítrofes. Extrapolable en gran medida a la bicicleta. Las carreteras sólo "están hechas" para el ciclismo deportivo.
En los países establecidos en una cultura de la bicicleta, esto no pasa. Las localidades están conectadas por una red de vías paralelas, aisladas del tráfico a motor, seguras y directas. Una red que permite a quienes no quieren desplzarse en coche, llegar a cualquier parte del país. Una red como puede ser la de carreteras para vehículos a motor pero, muy a menudo, con mejores paisajes, silencio y tranquilidad y, otras, simplemente, discurren al lado de las "convencionales", siendo algunas verdaderas "autopistas" para pedalear.
En Dinamarca, por ejemplo, hace unos 4 o 5 años, se promulgó una ley por la que se obliga a construír estas vías cada vez que se proyecta una carretera nueva o cada vez que se realizan obras de mejora en una ya existente.
¿Para cuándo se palnterá siquiera aquí? ¿Quizá así no haría falta la obligatoriedad de ese casco homologado para caídas a 30 km/h. que debe salvarnos de una colisión con un coche a 90 km/h o más?

1 comentario:

Antonio dijo...

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