Tras el fracaso de la nueva Ley de Tráfico que, como muchas otras cosas, se ha quedado en agua de borrajas, la Unión Europea ha propuesto limitar la velocidad en las zonas residenciales (y sólo ahí, señores de las prisas) a 30 km./hora. La decisión final, como siempre, de aplicar o no la medida, la tienen los países miembros.
Está demostrado que esta velocidad permite, en un 90% de los casos, frenar a tiempo ante un obstáculo imprevisto, como puede ser un niño detrás de un balón, un anciano que cruza sin mirar, etc. Es decir, estamos hablando de vidas humanas.
Pues bien, la reacción de los conductores no se ha hecho esperar: todos se niegan aduciendo que es una verdadera aberración y que ya se tarda demasiado en ir de un sitio a otro en coche como para que se reduzca más (no me extraña que una puñetera bici les estorbe a 20 Km./hora). En lo que no han pensado estos amantes de la velocidad urbana es en que, de media, la velocidad de un vehículo en una ciudad es de entre 10 y 15 km./hora. Está muy bien eso de pegar el acelerón entre semáforos o hasta la siguiente retención. Así quemamos más combustible, podemos atropellar a alguien y contribuimos a seguir con la boina negra que nos protege del sol. ¡Y la velocidad media seguirá siendo de tan sólo 15 km./hora!
En la Era de las Prisas, en las que se han sustituido casi todas las líneas de útiles trenes convencionales por los de alta velocidad, que se estropea un parque nacional para poder cruzar Despeñaperros en 5 minutos, etc. ¿creéis que es conveniente reducir la velocidad EN ZONAS RESIDENCIALES a 30 km./hora?
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