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martes, 19 de enero de 2016

Lo llaman paciencia, pero no lo es.

Por llamarlo de alguna forma, me hacen mucha gracia algunas expresiones que se utilizan arbitráriamente para definir situaciones que nos resultan desconocidas o chocantes.
Este el caso de cuando oigo que "los conductores holandeses tienen una gran paciencia con los ciclistas". No, no se trata de paciencia. La paciencia se tiene ante algo que resulta molesto o enervante y ante lo cual no queremos enfadarnos. Es un sinónimo, en este caso, de resignación.
Pero puedo asegurar que este no es el caso en los Países Bajos, porque lo que existe allí es educación, una educación que se lleva en los genes, se mama y se refuerza con la edad. Un saber que no eres el amo y señor de las calles sino casi un invitado. Un conocer las normas de circulación y saber quién tiene la prioridad, tanto si es uno como 200, tanto si toca esperar 5 segundos o 3 minutos.
No, señores amantes del todopoderoso coche. No hay que tener paciencia con el pobre ser inferior que no tiene para desplazarse como dios manda, hay que tener primero educación víal y luego respeto.
Las leyes del más fuerte no deben imperar en las calzadas.
Por lo tanto, por favor, utilicemos el lenguaje como se debe y no confundamos actitudes con deberes.

martes, 22 de diciembre de 2015

La bicicleta y punto.

 
Vivimos una etapa en la que las nuevas tecnologías parecen haberse puesto al servicio de la bicicleta.
Pero esta avalancha de novedades parecen no estar destinadas a la promoción y el buen desarrollo del transporte autopropulsado a pedales, aunque se venda así.
Por un lado vamos a ignorar aquellas meramente deportivas, por razones obvias, que no afectan a la movilidad urbana. Por otro lado existen un sinfín de aplicaciones para móviles que permiten la detección de atascos, que avisan de colisiones o presencia o simples inventos que te marcan como algo peligroso o un objetivo a evitar, como esa fantástica pintura invisible, desarrollada por la industria del automóvil, que vaya usted a saber su nivel de inocuidad y que hace las delicias de nuestros gestores de tráfico.
Pero para ser una sociedad desarrollada en la Cultura de la Bicicleta, lo único que se necesita, y ahora matizo, es la bicicleta, sin aderezos y sin guiños hacia el coche. Convivencia, priorización, concienciación y respeto. Una serie de normas y homologaciones básicas y un saber comportarse con y hacia este vehículo. El saber que pesar o correr más no te da derecho a abusos ni hay ley que te ampare, en los tres niveles: peatón, bicicleta, coche.
Las sociedades que llevan más de tres décadas en su desarrollo así lo han entendido y lo desarrollan desde la infancia hasta la senectud, lo provocan y lo simplifican, con lo que ha descubierto la experiencia, sí, pero en su simplicidad básica.
Tan solo ayudas de priorización, de detección de semáforos que dan paso libre, de techados para esos días de lluvia o nieve, de ayudas al aparcamiento seguro e incluso de abrazos y chocolate caliente. Con estas mínimas ayudas técnicas sólo hace falta la bicicleta y punto. Todo lo demás está desarrollado por una sociedad con mentalidad cochista en la que la que a los bichos raros se les marca como tales.
Respeto, el saber esperar y el conocer que el más débil es el prioritario.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Movilidad "peatonalizada".

Muchas veces nos preguntamos las razones por las que muchos ciclistas circulan por las aceras: simple falta de civismo, chulería, miedo a esas calzadas atenazadas por el coche... Y la aberrante manía de muchos ayuntamientos de crear aceras bici y separarlas de la calzada por aceras peatonales. Esto último da una sensación de legitimación del uso de las mismas sobre dos ruedas.
Incluso se viene a la mente el hecho de que circular por las aceras no reporta ningún beneficio, al contrario, todo son desventajas: velocidad mínima, frenazos, mantener el equilibrio en zonas transitadas y el consiguiente peligro para los peatones que fuerza, se quiera o no, a extremar las precauciones.



Pero hay un análisis que debería plantearse ante este tipo de situaciones anómalas pero comunes y es que existe una clara "ventaja" a la hora de la utilización de espacios méramente peatonales para moverse y es algo que no se plantea demasiado a menudo en las concepciones de los desarrollos ciclistas urbanos.
Es muy, pero que muy tentador el ver nuestro destino a escasos metros y tener que seguir los itinerarios diseñados exclusívamente para vehículos a motor, a menudo produciendo largos rodeos, que en términos de tiempo y esfuerzo, son nímios para un coche. El cerébro está diseñado para el ahorro y ahí nace el gran problema.
Podréis decir, con mucha razón, "bájate de la bici y circula andando ese trecho", pero no es tan fácil hacerlo una vez que se está pedaleando, es algo subconsciente: "total, si son unos metros..."



Como conclusión, desde mi punto de vista, se debería abordar en todo diseño urbano para la bicicleta una forma "peatonal" de movimiento para la misma. Los peatones pueden circular a su antojo por las calles (o deberían), sin direcciones prohibidas ni restricciones de cruce. Para ellos la ciudad es bidireccional en todos sus aspectos. Las ciudades que han triúnfado en la implantación de la bicicleta poseen en el 90% de sus calles esta bidireccionalidad y la posibilidad, en grandes avenidas, tanto de ir por un lado de la calzada como por el contrario, así, si voy "allí" no tengo que pasar por aquí y por aquí y por aquí... Y no tengo que invadir los espacios de otros.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Pedaleando por Amsterdam. Un análisis personal.

Nuestras "Explorer" frente a De Waag.

Es ya la tercera vez que voy a Amsterdam, me encanta esta ciudad, dos de ellas pedaleando, pero esta vez me lo he tomado un poco más como "trabajo", no sólo admirándome sino fijándome un poco más en infraestructura y en esos pequeños detalles que pasan desapercibidos pero que marcan una gran diferencia. Tres días a pedales por A'dam.

Un lista personal, un tanto caótica, y constable de mi visión sobre cómo la cultura de la bicicleta ha invadido esta ciudad.

Infraestructura y similares.

- En Amsterdam hay coches y bastantes. No por ser "la ciudad de las bicis" hay sólo tráfico a pedales. La inmensa mayoría de ellos respetan a los ciclistas ya sea por convicción o por obligación. También hay prepotentes, como en todos sitios, pero en un porcentaje inverso al de aquí.
- También hay aparcamiento para esos coches, limitado y de pago (zona azul) y caro, muy caro, para desincentivar su uso.
- Las aceras, excepto en las avenidas, continúan su altura en los cruces de calle. Son los vehículos los que tienen que cruzar una acera para salir del cruce y no los peatones los que tienen que bajar a la calzada. Por lo tanto, no son necesarios los pasos de peatones.
- Los semáforos suelen estar regulados, para peatones y ciclistas, por botón, con su característico "tac, tac, tac". Una vez pulsado, son pocos los segundos que pasan hasta que se abren, ya que están priorizados (aquí sufro a diario un semáforo de "espere verde" que tarda minuto y medio en abrirse y sólo deja 20 segundos para cruzar 4 carriles).
- Todas las calles son vías prioritarias para bicicletas. Y existe una gran diferencia entre esto y que "se pueda circular por cualquier calle". Muchas de ellas tienen vías dedicadas que hacen la circulación ciclista más fluída y evitan el detenerse para girar a la derecha en los cruces, mediante isletas protegidas.
- Aquellos cruces regulados por semáforo tanto para coches como para bicis tienen una isla frontal para permitir los giros en ambos sentidos. Aquellos que solo permiten continuar recto o girar a la derecha a los coches, poseen dos semáforos independientes que dejan una isla lateral con unos segundos de paso a ciclistas para que, cuando se abra, haya que ceder el paso si se pretende girar a la derecha.
- Todos los semáforos que permiten girar a la derecha tienen en su poste un espejo semiesférico para evitar los ángulos muertos de los retrovisores.
- Por las vías exclusivas se circula pegado a la derecha. La parte izquierda es para los que van más rápido y para los ciclomotores, obligados a circular por ellas. Son los únicos que no respetan, pasando a gran velocidad a escasos centímetros y haciendo "eses". Es algo que la federación ciclista quiere erradicar, devolviendo las motos a las vías para vehículos motorizados.
- Para pedir prioridad de paso aquí, se utiliza constantemente el timbre. Se escuchan pocos claxon pero muchos timbres.
- Las maniobras se señalizan por el 90% de los ciclistas.
- Los tranvías no respetan para nada a nadie, ni a las omnipresentes bicicletas. Ojo con ellos y con meter una rueda en los raíles.
- Las bicicletas no se paran en los pasos de peatones ni, si no es estríctamente necesario, en los cruces con "ceda el paso". Tanto unos como otros disminuyen la velocidad y se van "acoplando" y evitando. Esto, aunque no lo pueda parecer, es un ejemplo de respeto y convivencia con los demás.  También los peatones invaden muy a menudo las calzadas (en el centro) siendo rodeados.
- Los ciclistas obvian los semáforos, sin carril ni apertura exclusivos, en los giros a la derecha. Una norma "alegal" no escrita pero de uso común. Sólo nos paramos los extranjeros y alguna persona mayor.
- En las zonas peatonales, aceras y prohibidas para bicis (como mercadillos y alguna plaza), salvo los 4 de siempre, te bajas de tu bicicleta y la acompañas caminando.
- No se circula por dirección prohibida porque ésta, prácticamente, no existe. Todas las calles permiten la circulación en ambos sentidos para bicis, no así para coches, incluso en aquellas con coches aparcados en ambos lados y por los que cabe un vehículo a motor justo. Velocidad reducida y acople de ambos.
- El punto anterior permite que la movilidad en bicicleta sea más peatonal que cochista. Se puede ir de A a B por cualquier parte. Esto además evita el uso de aceras por parte de los ciclistas.
- Tal es el caso que, en la reforma del Rijksmuseum, el más importante del país, se pretendía eliminar la vía ciclista que lo cruzaba y tener que desplazarse hasta una calle sita a unos 50 metros de éste (¡nada menos!). La presión ciudadana lo consiguió y hoy en día se sigue cruzando el museo por debajo, gracias a un túnel diseñado por dos arquitectos españoles.






- En las vías exclusivas también hay vehículos detenidos de vez en cuando. Suelen ser máquinas municipales, de mantenimiento y algún coche privado descargando. Si ocurre esto, la masa ciclista lo rodea y los coches reducen su velocidad, se apartan o ceden el paso (¡igualito que aquí!).
- Las obras en las vías exclusivas se complementan con desvíos provisionales y señalización a tal efecto.
- Muchas calles principales cercanas a zonas de ocio o gran afluencia poseen anchas vías ciclistas, grandes zonas de aparcamiento y un reducido "carril coche".

Enfrete de la Casa de Rembrand. Vías ciclistas en ambos lados de la calle, aparcamiento central y dos laterales y un carril coche central.

Inmediaciones del Museumplein. El Rijksmuseum al fondo. Ésta es la vía alternativa al túnel.

- A pesar de contar con grandes zonas de aparcamiento para bicicletas, A'dam está colapsado, por lo que te encontrarás bicicletas aparcadas y hacinadas por todos lados, fuera de las zonas marcadas para ello. Sin embargo, muchos escaparates y domicilios particulares, así como determinadas zonas de la ciudad portan la señal de prohibido aparcar, y se respeta escrupulosamente. El aparcamiento se realiza, por lo general sobre las aceras.

Biciletas y usuarios de biciletas.

- El 99,9% de las bicicletas son de ciudad. Alguna de montaña se ve por ahí. Esto, que sería obvio porque es el vehículo adaptado para las urbes, es contrario en cifras a lo que pasa en España.
- Cada bicicleta es un mundo adaptado a su usuario, que se siente tan cómodo sobre ella como en el sofá de casa. Por regla general, suelen ser de tamaño grande.

Damplein un domingo por la tarde.

- Todas, o casi, las bicicletas llevan algún elemento para carga, ya sean transportines traseros, frontales, cajas, cestas... La presencia de "bicicletas de carga" de todo tipo, color, forma y propósitos se da en toda la ciudad, debido a su utilidad para todo tipo de cometidos, ya sea desde ir a la compra, hacer una mudanza o mover a los niños a diario. La familia sale unida pero sin coche (¡sacrilegio!).







- En las bicicletas se lleva de todo, es el vehículo habitual, desde las bolsas de la compra hasta enormes violonchelos a la espalda. Es muy habitual llevar a un amigo, sentado de medio lado, en el transportín trasero o bien, a horcajadas y mirando al conductor para charlar, en el delantero.


- Hablando de transportar, nadie se echa las manos a la cabeza por ver esto (un bebé en su mochila colgando del pecho de su madre) y no es que sean más descuidados o inconscientes que aquí. Se pedalea como se camina, se vive en la bici como en casa y el resto de usuarios ven en ti una vida, no un bulto que estorba. Es el país con menos índice de accidentes con heridos en bicicleta del mundo:


- Las bicicletas se utilizan para todo tipo de fines, ya sean recreativos o como simple "escalera" para ver desde más alto:



- Las bicicletas se siguen utilizando como puestos ambulantes de todo tipo.


Aún con motor, sigue siendo una bici (o no).

- Aquí se pedalea con auriculares, con el móvil e incluso, algunos, tecleando en Watsapp y tampoco se ve mal.
- No se lleva a los hijos al colegio en coche. O bien pedalean por ellos mismos o se transportan hasta allí en bicicleta o andando. Hay que protegerlos e incentivarlos y ésta es la mejor forma.
- Se pedalea desde muy temprana edad, los menores de 8 años acompañados, y se deja de pedalear cuando se es totalmente inutil. Las vías exclusivas permiten hacer esto (aunque algunos sigan reacios a creerlo). Los padres cuidan de sus hijos de esta forma, no los obligan al espacio cerrado, contaminado y exclusivista de un coche.
- En la normalización y promoción de los desplazamientos en bicicleta, el casco no tiene cabida. Todos los países "bicivilizados" constatan su inutilidad. Las medidas de protección activas y, sobre todo, la educación víal hacen este elemento pasivo de baja protección innecesario. Los Holandeses lo consideran un elemento deportivo, para salidas de "carreras" y montaña. Sería como pedalear con unas mancuernas en la mano. Las patrullas policiales en bicicleta tampoco lo utilizan.


Estoy seguro de que se me quedan cosas en el tintero, pero no hay nada mejor que probar las cosas por uno mismo y desde aquí os animo. Coged una bicicleta en Amsterdam o el resto de los Países Bajos y lanzaos a la aventura, rodeados de miles de ciclistas más, observando su forma de hacer las cosas, de moverse por la ciudad, de pedir paso, de avasallar, de vivir los desplazamientos sobre una bici... Esos pequeños detalles que hacen que la Cultura de la Bicicleta prolifere en todo su explendor, sin cortapisas, sin trabas inútiles y que hacen de esta ciudad algo tan especial para propios y extraños.
Todo lo relacionado en este artículo se puede ver de primera mano. Las impresiones al margen son subjetívamente mías, pero tres viajes al país me hacen pensar de esa manera.
Ahora, os dejo unas pocas imágenes para deleite de la vista.













 

jueves, 6 de agosto de 2015

Cultura y respeto.

Dicen por ahí que ser culto significa saber adaptarse a la situación en la que uno se encuentra y actuar de la manera adecuada a esa situación. Pero yo quiero ir un paso más allá y añadir que también debe significar respetar a los que se encuentran en ese momento en una situación distinta a la tuya.
¿Y por qué digo esto? Porque me parece muy absurdo el que se utilice esta máxima para convertirte en un ser voluble, en aras de que la situación no te afecta en ese momento. Y me explico.
Cuantas veces nos topamos con ese forofo del ciclismo deportivo (léase yacente televisivo del Tour, La Vuelta, etc.) que adora a los grandes ídolos de la fibra de carbono y no respeta a aquellos pedaleantes que le estorban por calles y carreteras.
Caso más sangrante aún, el del "ciclista dominguero", que viste todos los complementos para la ocasión y porta "camel back", que durante el resto de la semana se mueve en coche y no tiene ni la más mínima consideración con el resto de ciclistas en la vía (éste tipo tampoco suele mostrar ni la más mínima norma de respeto cuando va en bici).
Aquel que, muy extendido en este país, asocia bienestar económico con vehículo a motor privado, que "respeta" el uso de tranportes públicos y máquinas de pedales por aquellos menos favorecidos y que, para él, montar en autobús es como ir a un parque de atracciones.
La Cultura de la Bicicleta se perdió en España por culpa de éstos y aún no hemos sabido reaccionar.



Si conduces un vehículo a motor, adáptate a la situación, pero respeta al resto de usuarios de la vía. Si vas en bici, de forma cotidiana o esporádica, haz lo mismo. Porque la cultura de cada cual se basa en la adaptación y el respeto, no en la pedantería y en la prepotencia y hay que tener muy en cuenta que, tarde o temprano, nos encontraremos en el lugar del otro, aunque sea por un instante.

viernes, 27 de junio de 2014

Las mayorías inquisidoras.

Sin entrar en apreciaciones políticas, todos o casi hemos visto el vídeo de algo que pasó en durante la coronación de Felipe VI, a una chica que portaba una chapa con los colores de la bandera republicana se le impedía el paso, por parte de la policía, por una vía pública que pagamos entre todos y en la que, en teoría, cabemos todos. Los agentes alegaban que ese pin podría molestar a alguien, a lo que la muchacha respondía que si no habían pensado que a ella también le podía molestar todo el despliegue monárquico del día.
Y es que, en este país, no nos entra en la cabeza que no sólo existen las mayorías borreguiles sino que se debe dar cabida a todas las sensibilidades.
A mí me puede molestar que me obliguen a tragar mundial de fútbol en todos los ámbitos. Me puede molestar que se asesinen animales para diversión de unos cuantos y que este acto se le califique de cultura, con la típica frase de "si no te gusta no vayas". El no poder ni hablar en una calle pública ocupada por una procesión católica porque molesto, ¿y vosotros a mí no? Os lo habéis planteado siquiera, cortar calles e imponer vuestros ritos al resto.
No. Eso no se piensa. Las mayorías establecidas piensan en su propia verdad y razón, asumiendo unos privilegios inamovibles y la estabilidad que les da el pertenecer al rebaño.
Pues lo mismo les ocurre cuando circulas en bicicleta a esos conductores intransigentes a los que, amparados por sus fueros adquiridos, molestas, porque ellos tienen el privilegio de la velocidad y la prepotencia. ¿Nadie se ha parado a pensar que, y soy consciente de que cada vez a más personas, sus humos, sus ruidos, y su abuso del espacio les pueda molestar? Si a ti te molesta mi lentitud a mi me molestan tus acelerones que generan ruido y contaminación. Porque la vía pública es de todos y yo respeto tu decisión de ir en coche. Respeta tú la mía de circular en bici, porque también estoy en mi derecho y no tengo por qué quitarme del medio.

miércoles, 25 de junio de 2014

Si nunca pasa nada, sigámoslo haciendo.

Nunca pasa nada, siempre se ha hecho y todo el mundo controla.

No detener el coche del todo cuando un peatón cruza por un paso y continuar la marcha cuando acaba de rebasar el morro del vehículo y todavía no ha alcanzado la acera. Total, nunca pasa nada. No puede tropezarse ni escurrirse ni cambiar de idea y retroceder...

Circular en bici por las aceras a gran velocidad y doblar las esquinas como si no pudiese haber nadie al otro lado. Total, se frena y punto. Nunca me ha pasado nada... No voy a esperar detrás del resto de vehículos. Yo me subo a la acera y así, además, atajo.

Si quepo. Me parece una tontería tener que realizar el esfuerzo de mover esa terrible dirección asistida para alejarme aunque sea un metro del ciclista que circula por el arcén. Eso sólo se hace, de golpe, para adelantar a ese otro coche que me estorba con su velocidad. Siempre hemos cabido. ¿Por qué hoy no? Y si voy en ciclomotor mejor todavía, puedo entrar más apretado.

Total, ¿para que voy a llevar luces en la bici? Siempre he venido por esta zona y nunca me ha pasado nada. Me ven de sobra. Llevo años haciéndolo.

"¡Pero es que no me ves!" Pues claro que te he visto. Te he visto lo suficientemente bien como para calcular donde tengo que adelantarte, aunque haya coches aparcados y tengas que pegarte a ellos. No puedo permitirme el ir detrás de una bici durante 2 o 3 minutos. Mi derecho a la velocidad superior me ampara.
Y yo también te he visto y si llego a hacer el "ceda el paso" te cuelas delante y tengo que perder unos minutos de mi valiosa vida detrás de ti. La tuya me da igual, aunque esté en juego. Mis prisas son más importantes. Total, para tener que llevarme detrás, pegado al culo, sin respetar la más mínima distancia de seguridad (no sea que frenes o te caigas) y pitando, pues mejor así, ¿no? Siempre lo he hecho y nunca ha pasado nada. La bici es lenta, nunca puede ir a más de 5 km/h., me da tiempo a salir, y si no, frenas un poco.

Hasta que un día pasa. Una furgoneta realiza una maniobra frente a un grupo de ciclistas profesionales con el "me da tiempo, son lentos" y acaba en muertos y heridos graves.
Una bicicleta es envestida por detrás por alguien que defendía su "derecho a la velocidad" y causa graves heridas a quien la conducía.
Un peatón tropieza al subir el bordillo y es atropellado por el coche que no pudo esperar 10 segundos más en el paso de peatones...

Y así seguimos. Esta es una de las "glorias" que hemos heredado de una educación vial basada en la prepotencia y en ese supuesto derecho a correr que nadie puede quitarnos, en ese regalo de espacio al coche y en el arrinconamiento del resto.
Se empieza sin respetar al peatón invadiendo su espacio, en bicis, patines y demás "artilugios" rodantes, yo corro más. Se continúa con vehículos de dos ruedas a motor y se acaba con el rey de nuestras carreteras (es la línea sucesoria lógica), el que no admite contestación, aquel con todos los privilegios del mundo y que se queja del resto. Ese que puede aparcar en aceras, pasos de peatones o accesos de minusválidos, que puede invadirlas con sus ruedas delanteras para no tener que maniobrar al aparcar, que tiene el derecho de cortar una acera metiendo el morro en un vado porque "no hay otro sitio y tengo que aparcar", al que no se le puede frenar por debajo de los 60 km/h. en ciudad ni limitar sus prestaciones con "vehículos lentos" o esos semáforos de peatones que se ponen en rojo en el momento más inoportuno, en pleno "acelerón". ¡Son TODOS los ciclistas lo que se los saltan pudiendo parar a esas velocidades ridículas!

La educación vial básica, con respeto a todos y, sobre todo, a la vida de todos. Esa educación de abajo a arriba, de proteger al más débil y no acosarlo, de la pérdida del "derecho a correr" antepuesta al derecho a vivir y de no olvidar que nunca pasa nada hasta que pasa.

jueves, 24 de abril de 2014

El ejemplo de cómo desarrollar una ciudad ciclista.

Brillante. Ésta es quizá la descripción de este vídeo de Streetfilms, mostrando cómo Copenhague ha conseguido desarrollar la Cultura de la Bicicleta a esos niveles, visto a través de los ojos de varios norteamericanos asistentes al evento VeloCity, celebrado en la capital danesa en 2010.
El vídeo es en inglés, pero sólo viendo las imágenes se puede tener una idea muy clara de qué se está hablando y de todo lo que contribuye al enorme desarrollo de la bicicleta en esta ciudad.
Comenzamos con infraestructura propia y segregada, que da la sensación de seguridad necesaria para que el gran público, no sólo los "guerreros del asfalto", se lance a pedalear, con niños en la caja de bicicletas de carga, con auriculares, hablando por el móvil, charlando mientras se pedalea, etc. Niños, ancianos, trajes de calle, tacones, vestidos... Normalidad a pedales. Infraestructuras elevadas, complejas y otras más simples pero con el mismo estudio de efectividad demostrada. Incluso en aquellos momentos en los que hay obras en los carriles bici, los desvíos provisionales se adecuan para que no existan obstáculos y puedan seguir usándose, eliminando saltos en los bordillos y robando un poco más de espacio al coche.
Continúa con el aparcamiento para bicicletas, esa infraestructura tan necesaria como obviada. Si te desplazas, es necesario que puedas dejar tu bicicleta en cualquier lugar de manera lo más segura posible.
Hacia el minuto 5 del documental, nos encontramos con la parte más necesaria en cualquier desarrollo ciclista, lo que aquí se denomina "amabilidad de los conductores". Lo vengo diciendo hace muchos años, no hay infraestructura, ni calle "pacificada", ni ruta "tranquila", ni prioridad ni ley sobre el papel sin la educación vial necesaria y el respeto hacia la vida de los demás. Aquí, en Dinamarca, también se enseña esa educación, sobre una bicicleta, en edad escolar. La conclusión de este respeto lleva a que si se eliminase gran parte de esas vías ciclistas existentes, los conductores seguirían respetando a la bici. Es normal y obvio.
Un largo camino que empieza con la consecución de un uso generalizado de la bicicleta a través de su ofrecimiento a la gran mayoría, la concienciación general de que las calles no pertenecen en exclusiva al coche, la reducción de la velocidad, las grandes obras exclusivas para evitar rodeos para la bici y la educación general.
Aquí os dejo el video:

miércoles, 26 de febrero de 2014

50 km/h, la velocidad absurda.


Ayer tuve la maldita suerte de toparme con un descerebrado de esos que apestan nuestras calles con sus complejos extremos y su falta de autoestima, de esos que las tienen que suplir mediante la adicción de caballos de vapor a sus inseguridades. Sí, un chulo asesino que ante la extrema falta de personalidad tienen que asegurar sus inseguridades llamando la atención con algo externo. En fin, un caso grave de estudio psicológico.
Resulta que iba caminando con mi hija por una calle de mi localidad que tiene aparcamiento a ambos lados, aceras más bien estrechas y un carril en el cabe un coche bastante justo, en definitiva, una calle en la que sería de razón reducir la velocidad por debajo de los 30 km/h ya que en cualquier momento se te puede cruzar una persona (una vida) a la que no ves. Este descerebrado asesino, porque no se puede ser de otra forma con esta actitud, arrancó desde el principio de la calle pisando a fondo y, deleitándonos con su patético ruido de tubo de escape, recorrió la corta distancia hasta el final a, calculo, cerca de 100 km/h, provocando la ira y la perplejidad entre los que tuvimos la mala suerte de toparnos con su estupidez. Por suerte, esta vez no hubo que lamentar víctimas.
Y es que, en España, sale demasiado barata la impunidad al volante. Matar a alguien con un coche, incluso borracho, a velocidad excesiva y burlándose de la vida de todos tiene unos castigos ridículos, cuando debían ser ejemplarizantes. Hay más condena por hurto que por atropello con consecuencia de muerte con agravantes. Véase el caso que se falló ayer.

Pero quiero hacer reflexionar algo más, dejando de lado estos casos extremos que, por suerte, son pocos.
En nuestras ciudades, la velocidad máxima (sí, es la máxima) permitida en la mayoría de vías son 50 km/h. Para la mayoría de conductores compulsivos es ridícula, porque hay que reconocer que dentro de un coche la sensación de velocidad es mucho menor de lo que debería ser. La suavidad con la que el pedal de aceleración da la potencia hace que nos sea imperceptible, unida al aislamiento de la falta de contacto con el exterior. O estás muy concienciado con que en cualquier momento pueda surgir un obstáculo o es la ilusoria sensación transmitida.
Para el peatón, es la costumbre; ver pasar los vehículos a gran velocidad. Sólo hay que detenerse un momento, establecer un punto fijo, y ver pasar los vehículos. Ahí es donde realmente nos damos cuenta del potencial destructivo de 1.000 kilos de acero. Porque no hay que olvidar que esas impactantes imágenes de dummies chocando dentro de un coche contra otro vehículo o contra un muro de hormigón, se realizan a esa velocidad. Todas esas pruebas del test NCAP están hechas entre 50 y 60 km/h y el destrozo se puede apreciar con claridad. Salvará la vida de sus ocupantes mediante deformaciones del chasis, absorción mecánica de fuerzas, airbags y demás idiosincracia, pero la destrucción exterior, sobre todo producida en la fragilidad de un cuerpo humano es mortal de necesidad.

Deberíamos hacer una campaña seria sobre este tema y educar en que con sólo reducir esa velocidad en 20 km conseguiríamos que más del 75% de los atropellos no acabaran en tanatorio. ¿De verdad vale menos una vida que las prisas de unos cuantos?

miércoles, 29 de enero de 2014

Cercenando desde el miedo.



No hay mejor política para que algo no ocurra que la de crear un falso sentimiento de terror entre los usuarios potenciales. Se utiliza con leyes contra las protestas y en el día a día del sobreprotecionismo inducido.
Hablando del incipiente uso de la bicicleta, en España ese sobreprotecionismo se refleja en el intento de obligatoriedad del uso del casco en todo momento y vía, que, mediante la treta del "te asusto mucho y luego lo dejo en un sustillo", se ha relegado a los menores de 16 años, para irles metiendo ya el miedo en el cuerpo desde pequeños y desincentivar el uso de este vehículo mortal. Además, la nueva ley obliga a circular, salvo en excepciones que el ciclista debe justificar debidamente, lo más pegado a la derecha posible, lugar donde es presa fácil de puertas, bordillos, encajonamientos y vallas.
Pero es en Gran Bretaña donde se está librando ahora la batalla más dura contra la bicicleta, por un pánico institucional a su creciente uso, dibujándola como ese demonio que estorba y hace que el automóvil pueda chocar con ellas (es provocadora de accidentes), teniendo fatales consecuencias. Cuando alguien intenta salirse de esta campaña y dibujar la bici como lo que es, un vehículo amable al que hay que respetar como al resto, vienen las instituciones y cortan su raíz.
Este es el caso de ASA, la agencia de regulación de publicidad de GB, que ha declarado que prohibirá toda publicidad que incluya un ciclista sin casco y circulando a más de 50 cm. del borde de la calzada. Su primera víctima, la campaña Nice Way Code, de Safer Scotland.
Una campaña de concienciación para que los conductores respeten a los ciclistas en los adelantamientos. Algo que no se puede permitir si ellos no se respetan a sí mismos. ¡Cómo pueden jugarse la vida de esa manera, sin el casco y circulando al mismo nivel que los coches!

Las campañas de terror calan tan hondo, que determinan que gran parte de la sociedad, incuídos muchos colectivos ciclistas, reiteren que son las mejores maneras de circular sin peligro: casco obligatorio, ropa reflectante, circular pegado al bordillo, quitarse de en medio cuando venga un coche y demás arengas del terror institucional que, contrariamente a lo prometido, sólo aumentan el peligro y la inseguridad en nuestras vías públicas.
No creas que velan por nosotros. Eso no lo hacen nunca.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Contra mil kilos de acero.

Ayer nos golpeaba la triste noticia de siempre, un chico de 20 años moría atropellado por un coche en un cruce de Ciudad Real.
No pretendo analizar en este artículo quién o qué tiene la culpa del trágico accidente, no me aprovecharé de ello, pero lo que sí me sigue molestando, y mucho, son los comentarios de quien no sabe ni pinta nada en todo este tema, empezando por ubicar mal el lugar del accidente.
El primero de ellos, como podréis adivinar, es "que no llevaba casco". Tampoco, ni de lejos voy a cuestionar desde aquí que, quizá en este caso, hubiese sido decisivo en el desenlace del accidente, ya que la herida fue en la cabeza. No cuestiono la efectividad de dicho elemento de seguridad pasiva en determinados casos, pero lo que sí voy a cuestionar siempre es el "cotorreo" acerca de temas que se desconocen y de los que se habla con total impunidad.
Imaginaos por un momento que este conductor, cuya desgracia ha sido dar con un cruce que conozco bien, con una visibilidad casi nula, y que apuntaba que no sabía de donde había salido la bici, no hubiese visto un camión que descendía por la misma calle y hubiera muerto de traumastismo craneoencefálico, a nadie se le hubiese ocurrido hablar de la carencia de casco.
Los segundos comentarios apuntan a idioteces varias como que se veía venir tal y como vestía, que era de los que frenaban en la rueda, que si iba loco y a toda velocidad (como podréis leer en el artículo del periódico, iba paseando a un perro y a no ser que fuese un galgo, no creo que la velocidad sea el problema)... ¡Por favor! La extendida y, sí, puñetera manía de criminalizar a las víctimas con excusas vanas. Eso sí, el "pobre muchacho" que no falte después de desmembrarlo verbalmente.
Razones, miles, elucubraciones, ninguna. Porque la seguridad en nuestras calles comienza con el respeto mutuo, con un cambio de pensamiento totalmente necesario encaminado a que el que más pesa y el que más corre no es el que debe abusar del más débil, sino el que, en consecuencia, debe llevar el mayor cuidado y proteger al más vulnerable, incluso para evitar desgracias cuando este último se equivoca. Y aquí hablo de TODOS, vehículos pesados sobre coches, coches sobre bicis, bicis sobre peatones, peatones con cochecitos sobre los que no los llevan... y así toda la cadena.
Porque, aunque parezca lo contrario y el uso nos haga fiarnos de nuestros sentidos, estos nos engañan a menudo, y no es lo mismo un "stop" que un "ceda el paso", y menos los de muy baja visibilidad, que las señales no se fabrican para repartirlas al libre albedrío y colocar aquí y allá las que sobran. Mirar 3, 4 ó 5 veces es mejor que la costumbre.
Porque, en un choque contra mil kilos de acero más la energía cinética de ambos vehículos, las medidas pasivas pueden amortiguarlo algo, pero es muy difícil calcular el daño producido.
Descanse en paz y que la violencia vial se termine en nuestras calles. Y, a eso, tenemos que contribuir todos.

lunes, 10 de junio de 2013

El teorema del rebaño.

Hay una cosa que me mosquea bastante, y es el desconocimiento de la inmensa mayoría de conductores hacia las normas (pocas) que rigen la convivencia en las vías públicas con cualquier usuario que no vaya en un vehículo a motor.
Y me fastidia especialmente porque se supone que esas personas han pasado por el estudio de un temario, un proceso calificador y unas prácticas que los han convertido en "aptos" para conducir máquinas de una tonelada por nuestras calles y carreteras. ¿Y qué demuestra ésto? Pues que son válidos los lemas de muchas de las autoescuelas de nuestro país, garantizando amplias cuotas de aprobados en el mínimo tiempo posible, pero que, realmente, no se aprende nada de nada de respeto ni de convivencia vial.
Pues bien, para aquellos que deseen aprender dos cosillas de forma rápida y para que sean capaces de aprobar en el menor tiempo posible, aquí está el Teorema del Rebaño:
Como parece casi imposible (para algunos, no todos) hacer ver al conductor de un vehículo a motor que un grupo de ciclistas debe considerarse como un todo (así lo califica la ley) y, por lo tanto, no se puede adelantar a una parte de ellos, meterse a la derecha de nuevo y cortar el grupo, y poner en peligro a todos los que por allí circulan y, por otro lado, una vez que el primer ciclista de un grupo ha rebasado un cruce, sea rotonda, perpendicular, regulado por semáforo, etc., el resto de vehículos deben esperar hasta que el último del grupo pase, es tan sencillo de realizar como el pensar en el grupo ciclista como si de un rebaño de ovejas se tratara (sin comparaciones odiosas, por favor).
¿Por qué a nadie se le ocurre adelantar a un rebaño de animales para volver a incorporarse en medio de éste, ni rebasar un cruce cuando éste lo está cruzando, y sin embargo sí se hace cuando se trata de un grupo de personas? ¿Acaso merecen menos respeto hacia su vida o los pastores dan tanto miedo?
Pienso que, como ejercicio de visualización, similar a lo de imaginarse a los asistentes a una conferencia desnudos para evitar los nervios escénicos, habría que ver a un grupo de cilcistas como a un rebaño, sin fisuras y sin posibilidades de interrupción. Un manera sencilla y entendible por todos para este hecho ignorado.

 un rebaño de ovejas en Rumania Foto de archivo - 12467938

Y, ¡por favor, nada de bromas comparativas! Que, si acaso, más similar es un atasco a un grupo de borregos que una marcha ciclista...

Y otro día expondré el Teorema de la Caca de Vaca para hablar sobre las distancias de adelantamiento.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Golpea y huye.


Foto

Ayer me contaba un amigo como había sido testigo directo, en una de las carreteras que unen Miguelturra con Ciudad Real, de como un coche golpeaba a un ciclista, lo derribaba y seguía camino sin tan siquiera pararse a ver cómo estaba. Se trataba concretamente de una mujer conduciendo un Citröen Saxo de color blanco (por si alguien teine más datos). No llegó a verle la matrícula con lo que parece se ha escapado sin más.
Por suerte, el ciclista salió ileso y no generará titulares en ningún medio de comunicación (salvo en éste).
Me resulta indignante esa actitud de cobardía tras el deleznable hecho de no tener ningún respeto por los demás usuarios de las vías públicas, ni por su dignidad como personas ni, lo que es más grave, tan siquiera por la vida humana.
Esta, por desgracia, común raza de conductores, que escudándose en la chulería y prepotencia que les da el aislamieto dentro de una caja de metal, debe ser erradicada de nuestras carreteras y ciudades, por lo que, ante un echo así, deberíamos todos denunciar los hechos y no hacernos cómplices por omisión de tales acciones homicidas.
Y sí, son homicidas y con el agravamiento de huída y alevosía, porque el hecho se produjo por el ansia de adelantar a toda costa, escudándose en el mayor tamaño.
Y ocurre demasiado a menudo, en pasos de peatones, en calzadas e incluso en aceras y, viendo casos famosos de gran cobertura en medios de comunicación, el castigo es totalmente incomprensible para el mal causado.
Así que, saquemos a estos asesinos potenciales de circulación y reeduquemos en el respeto, que será bastante más efectivo que el uso del casco, en el país con más muertes de ciclistas en carretera, que quedan inertes en las cunetas, con su casco puesto.

sábado, 16 de junio de 2012

Una mosca.



Así es como me siento a veces. Ignorado por algunos, considerado un estorbo para la mayoría, azuzado hacia la mierda acumulada en arcenes y bordillos. Incluso hay quien intenta cazarte sin pensar en las consecuencias. Algunos te tratan con respeto, pero solo hasta que empiezan a considerarte molesto. Seres que deambulan en máquinas, cerradas al exterior, extraños al resto del tráfico. Seres que hacen de sus desplazamientos un objetivo y no una forma de disfrutar. Que sólo descienden al mundo exterior para cortos trayectos hasta edificios...
Unos quieren verte fuera de su calzada y otros fuera de sus aceras y tienes que ir dando tumbos entre las dos.
Algún día me gustaría dejar de ser una mosca y convertirme en un ciudadano que ha elegido otro tipo de consciencia para desplazarse, no la de la masa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Asaltantes de caminos.

Sólo una reseña.
La velocidad en los caminos está limitada a 40 km./h. por algo. No sólo porque te puedas dejar medio coche en un bache (algunos se lo merecen) sino por respetar un entorno que no está echo para correr, en el que hay animales en libertad, por el que transitan y pasean personas y bicicletas, en el que puede haber niños disfrutando del campo y mil razones más.
Pero parece (siempre sin generalizar, que hay bastante gente muy maja y respetuosa) que para algunos sean esas vías sin ley ni normas, en las que nunca hay radares ni agentes de tráfico, y en las que se se puede circular cómo se quiera, haciendo tragar polvo en cantidad a los que no van en vehículos a motor, dejando tu rastro de apestoso combustible tras de ti y pasando a escasos centímetros de peatones y ciclistas. Como siempre, la carencia de educación y respeto de este país se hace patente.
Una pena.

domingo, 15 de abril de 2012

¿Quién hace sufrir a quién?

Hace unos días leía la noticia, en la edición digital de un periódico, sobre la reactivación por parte del Gobierno del nuevo Reglamento General de Circulación, que pactaron las asociaciones ciclistas con la antigua cúpula de la DGT (¡A ver si es verdad!).
Pues bien, en el apartado de comentarios a la noticia, entre los varios que nos ponían como delincuentes y vándalos del asfalto, como siempre, y los de defensa de nuestros derechos, me llamó la atención el de una mujer que decía que no le parecía normal ni lógico que veinte coches tuviesen que sufrir el ir detrás de una bicicleta.
Ante este tipo de mentalidad no puedo quedarme callado y quiero expresar mi opinión. Es igual que decir que un peatón no tiene derecho a cruzar una calle porque va a detener a "x" coches o que la maquinaria de obras públicas no pueda circular por el mismo motivo. Por un lado, en estos casos, o se es muy, pero que muy calmado, y se pasa de todo o el que realmente está sufriendo las malas artes, la impaciencia y la prepotencia de los conductores es el ciclista. Por otra parte, pensar que, cumpliendo las estadísticas que dicen que una media del 70% de los coches sólo transportan a una persona de sus 5 posibles plazas, están utilizando 200 metros cuadrados del espacio de todos para transportarse, ¡sólo 20 personas! Esas 20 personas están emitiendo a la atmósfera unos 130 grms. de CO2 por cada coche y kilómetro que se desplazan (2,6 kilos), a la par de muchos más gases irritantes y tóxicos, condimentados con un aderezo de partículas en suspensión que acaban en los pulmones, fachadas, ropa, calles y que, a medio plazo, provocarán una lluvia ácida.
A sabiendas de que lo único que tienen que sufrir los pobres conductores es el tener que circular más despacio (más humanamente) y que el resto de los ciudadanos, incluidos ellos mismos, tenemos que aguantar sus ruidos, contaminación, ocupación del espacio público y sus consecuencias a medio y largo plazo, ¿quién hace sufrir a quién, realmente?

 Material gráfico creado y cedido al mundo por Marc Masmiquel.

viernes, 13 de abril de 2012

Más hostilidad.



No sé si será la primavera, los recortes del gobierno o el precio de los combustibles, pero en estos últimos días, aparte de un aumento considerable de tráfico en horas que normalmente es escaso, estoy notando muchas más prisas, menos respeto y más acoso cuando me desplazo en bici. Las distancias de seguridad deben ser una utopía, ya no sólo lateral sino en el ir pegados a mi rueda trasera. Siempre he defendido que, en las dos localidades entre las que me muevo, existe mucho más respeto por parte de los conductores del que parece ser normal, pero, como todo se pega menos lo hermoso, esta semana debe ser algo especial, o quizá es que, por imperativo legal al tener que circular por un pequeño tramo de vía interubana aunque limitada a 50 km./h., estoy llevando casco y esto provoca esa falsa sensación de seguridad que vaticinan los expertos.
En fin, sólo pido lo de siempre, mucho respeto por parte de todos, menos prisas y ver más allá de la máquina, que si fuésemos del tamaño de un tractor, una pala excavadora o una carretilla elevadora, no habría más remedio que quedarse detrás a menos de 20 km/h...
¿Habéis notado algo de esto?

martes, 6 de marzo de 2012

Muros sicológicos vs. tolerancia.

Tenemos la idea los españoles de que en Centroeuropa son muy cuadriculados de ideas y que, de ahí para arriba, son fríos y poco amigables. Pues bien, quiero contaros un cuento que sirva para la reflexión sobre lo que quiero tratar y que nos haga pensar en quién es el cuadriculado e individualista.
Esta vez no va a ser sobre Amsterdam. Hoy nos vamos a Brujas, Flandes, Bélgica.
Esta maravillosa ciudad tiene, entre muchas de sus cualidades, el privilegio de que sus ciudadanos, y turistas, se desplazan en gran medida en bicicleta. La ciudad está llena de ellas, sus parques son ciclables y su estación de tren y su universidad cuentan con un gran parking para ellas. Sus históricos rincones respiran vida por todos lados y es una ciudad muy agradable para pasear y empaparse de sus habitantes (a pesar de los miles de turistas que la abarrotan).
Su maravilloso casco antiguo está protegido por una zona 30 de limitación de velocidad para vehículos. Esta zona, la más viva y vibrante de la ciudad, tiene como pavimento el adoquín que, además de quedar más rústico, tiene la particularidad de que produce un efecto ruido en los vehículos a motor, lo que hace que instintivamente se reduzca la velocidad. Los coches que transitan por esta zona son pocos, pero los hay, sobre todo de reparto. La mayoría de sus calles son estrechas, siguiendo el trazado del Siglo de Oro. Todas son de un único sentido para los coches, pero de doble sentido para bicicletas y ciclomotores de baja cilindrada, lo que permite desplazamientos mucho más directos para estos vehículos. Los coches respetan a las bicis circulando en ambas direcciones pero, al ser las calles tan estrechas, es imposible cumplir con la distancia lateral de seguridad de 1,5 metros, aún así ambos reducen su marcha, se acoplan y aquí no ha pasado nada.

Quizá no sea la calle más estrecha de Brujas, pero es donde me hice la foto.

Los peatones deambulan tanto por las aceras como por en medio de la calzada y, sin prisas ni nervios, un pequeño timbrazo o toque de claxon hace que se retiren.
Pero quizá lo más sorprendente sean sus plazas. Su estructura es totalmente abierta, es decir, no hay diferenciaciones, o son casi inapreciables, entre calzada, acera y los demás elementos y te puedes encontrar tanto un furgón de reparto, como un peatón, como una bici compartiendo unos escasos metros cuadrados. Otra vez cada cual se acopla como puede y no ocurre nada.


Como habréis podido deducir, en el casco histórico no hay infraestructura ciclista propia. Cada cual cede un poco y todo funciona de maravilla. De hecho, aunque, lógicamente, está prohibido circular por las aceras, las zonas compartidas entre peatones y ciclistas son innumerables y nadie se echa las manos a la cabeza. Los accidentes son muy escasos y no pasan de pequeños toques con un perdón, al igual que cuando se camina.
Saliendo del centro de la ciudad, brujas tiene sus rondas. Aquí la limitación es de 50 km./h., como en la gran mayoría de los sitios, y el tráfico a motor es más abundante. Para que todo funcione bien, aquí sí existen carriles bici segregados, algunos de ellos, como enfrente de la estación de tren, son biciaceras y, sí, por ellas también pueden circular los ciclomotores. Aquí, de lo que se trata es de que todo el tráfico, sea cual sea su naturaleza, se mueva con fluidez y no de fastidiar a nadie. Y os aseguro que se consigue. En el norte de la ciudad, discurren paralelos a un precioso canal, entre plantas y evitando tener que parar en la mayoría de los semáforos de la ronda, por lo que hacen más fluido el desplazamiento en bici que en coche.

Zona compartida peatón/bicicleta/ciclomotor en el carril bici norte de Brujas.

Su parte este está delimitada por un canal navegable y por el parque Minewater, con su Lago de los Enamorados y vías exclusivas para peatones y bicicletas. Otra vez compartir sin acritud. Parte de esta zona, cuando llegamos a los molinos de viento que la pueblan, permite elegir entre ir por los senderos del parque, la propia calzada o los carriles bici paralelos a ésta. Más flexibilidad imposible.

Pasarela peatonal/ciclista en el parque Minewater.

En la parte noreste de la ciudad se encuentra la universidad. Para ir a clase, la mayoría de los estudiantes eligen la bicicleta. En esta zona, también escasean los carriles bici, pero la prioridad de ésta es absoluta sobre el coche, existiendo islas ciclistas en los semáforos.

La isla se puede ver a través de la puerta de la izquierda.

Y hasta aquí este relato, que aunque lo he denominado como cuento es la pura realidad y, además, contada de primera mano porque la he vivido, no la he sacado de estadísticas ni fríos datos de La Red.

¿Qué moraleja podemos deducir de él?
- ¡Todo carriles bici!
- ¡N0! ¡El carril bici nos segrega, es peligroso y nos quita de en medio!
¿Quizá un donde sea necesario y ayude, en un modelo sostenible y fluido de ciudad no sería más adecuado?
- ¡Las bicicletas deben tener prohibido circular por zonas peatonales! ¡No a las biciaceras!
- ¡Carriles bici aunque sea por la acera!
 -¡Las bicicletas nos estorban en las calzadas! ¡Qué se quiten de enmedio!

¿Quién es ahora más cuadriculado, nosotros o ellos?
Tanto en Brujas como en Holanda se diluyen las normas de circulación en aras de un mejor desplazamiento PARA TODOS. Los coches te pueden pasar a menos de 1,5 metros, pero respetándote. La circulación a contramano se basa en una única raya pintada en el suelo de la que te puedes salir si es necesario. En unos sitios hay infraestructura ciclista y en otros sólo convivencia. Los carriles se comparten por bicis, ciclomotores y sillas eléctricas de minusválidos. Las zonas peatonales compartidas con la bici e incluso con vehículos de reparto y transporte colectivo abundan... ¡Y con todo y con eso tienen una ínfima tasa de accidentes en los que se vea implicada una bici!
Nuestro problema, es que tenemos una consideración demasiado privativa de los espacios públicos y compartidos: ésta es mi parcela, mi carril, mi lado de acera y de aquí no me muevo. Quizá lo que necesitemos es más educación en la convivencia y menos infundios territorialistas inamovibles que se convierten en muros sicológicos (¿será la razón por la que han suprimido la asignatura de Educación para la Ciudadanía, para evitar que cambiemos?).

martes, 24 de enero de 2012

Semáforos: esas columnas con luces de colores.


Vistos desde la calzada, estas columnas de señalización vial presentan, normalmente tres discos luminosos de colores. El situado más abajo, de color verde, permite el paso a los vehículos que circulan en esa dirección ante una intersección u otro tipo de obstáculo. Situado en su centro, una luz de color ambar suele avisar a los vehículos a motor de que hay que acelerar a tope porque pronto va a cambiar la situación del semáforo, para llegar a la línea de cruce con éste cuando ya se ha encendido el tercer disco luminoso, el rojo. Esta luz, situada en su parte superior, prohibe a los conductores revasar el semáforo y, por ende, el cruce que regula, no sin antes dejar una cuota de paso que es directamente proporcional al número de carriles de la vía y al número de vehículos necesarios para bloquear la intersección perpendicular a ésta.
Vistas desde la acera, estas señales verticales suelen presentar dos muñequitos luminosos, uno verde y otro rojo.
El primero de ellos sirve para, tras la couta de paso de vehículos tras el disco rojo de la calzada, poder cruzar corriendo hasta la acera de enfrente en los escasos segundos restantes. El color rojo indica que hay dos tipos de viandantes: una serie de tontos que esperan a que el muñequito cambie a verde antes de cruzar y unos cuantos listos que, tras mirar a ambos lados cruzan la calzada exponiéndose a que venga un vehículo que no han visto. En su gran mayoría, estos últimos suelen tener una edad suficiente para, además de estar jubilados, tener mermados todos sus reflejos...
Y hablando de la bicicleta, últimamente tengo la sensación de que, en ambas ciudades entre las que me muevo, también los semáforos tienen esa capacidad de diferenciación entre los que nos desplazamos sobre dos ruedas: está el tonto (lease yo) y el resto que utilizan los semáforos en rojo para serpentear entre los coches y yo, saltárselo y hacer equilibrios propios de la BMX para esperar hasta que haya un hueco en el cruce y pasar. Y esto realmente me cabrea, no sólo por el peligro y la falta de educación vial que supone, sino porque, aunque generalizar es de ignorantes, siempre los que nos saltamos los semáforos somos los de las bicicletas. Lo demás es normal y está asumido, pero por culpa de esos, somos los de las bicicletas los que no respetamos las normas.
Espero que este artículo tan sarcástico como real a la hora de dibujar el uso que se hace de este tipo de señalización, sirva para concienciar A TODOS de que hay que respetar los semáforos, que están ahí para algo, que la educación y el respeto vial son esenciales y que, si somos tráfico y como tal nos sentimos, tenemos que respetar sus reglas para bien o para mal y ya conduzcamos un coche, caminemos o pedaleemos, los semáforos están para todos. Incluso, como en la foto de cabecera del artículo, en vías propias y aunque la, por venir, nueva Ley de Tráfico nos dé un estatus preferencial, seguirá habiéndolos.