Por llamarlo de alguna forma, me hacen mucha gracia algunas expresiones que se utilizan arbitráriamente para definir situaciones que nos resultan desconocidas o chocantes.
Este el caso de cuando oigo que "los conductores holandeses tienen una gran paciencia con los ciclistas". No, no se trata de paciencia. La paciencia se tiene ante algo que resulta molesto o enervante y ante lo cual no queremos enfadarnos. Es un sinónimo, en este caso, de resignación.
Pero puedo asegurar que este no es el caso en los Países Bajos, porque lo que existe allí es educación, una educación que se lleva en los genes, se mama y se refuerza con la edad. Un saber que no eres el amo y señor de las calles sino casi un invitado. Un conocer las normas de circulación y saber quién tiene la prioridad, tanto si es uno como 200, tanto si toca esperar 5 segundos o 3 minutos.
No, señores amantes del todopoderoso coche. No hay que tener paciencia con el pobre ser inferior que no tiene para desplazarse como dios manda, hay que tener primero educación víal y luego respeto.
Las leyes del más fuerte no deben imperar en las calzadas.
Por lo tanto, por favor, utilicemos el lenguaje como se debe y no confundamos actitudes con deberes.






















